Técnica KonMari, ¡estoy lista!

Mi lectura más reciente ha sido La magia del orden, escrita por Marie Kondo, mayormente conocida como la gurú de la organización por impartir lecciones de su método denominado KonMari, que consiste netamente en dos tareas: decidir qué se va, y dónde guardar lo que se queda. Incluso, hace un mes se estrenó en Netflix su serie llamada “¡A ordenar!”, que todavía no lo he visto, pero sí ha hecho que mucha gente conozca a Marie Kondo, y se interesase por su peculiar técnica de ordenar las cosas.

Según asegura la misma Kondo, el método KonMari supone un cambio drástico en tu vida: eres más consciente de los objetos que posees y aprendes a valorarlos y sentirte agradecida con ellos (pues deberías quedarte con solo aquellos que te producen alegría). Aferrarse al pasado o temer al futuro pueden dificultar el que puedas desprenderte de un objeto.

Aplicar la técnica de Kondo para la organización no es hacer por hacer, o de a poquitos (un día me encargo de la ropa, al día siguiente de los libros, y así en subtareas). Ella recomienda hacerlo de un tirón, o sea una sola sesión maratónica de limpieza. Y también seguir estrictamente el siguiente orden (para que sea más eficiente la tarea, supongo): primero la ropa, luego los libros y cuadernos, pasando por la papelería, objetos varios (komono), y por último los objetos sentimentales/recuerdos.

Mi familia y yo vivimos actualmente en una casa alquilada. Es normal que tengamos alguna que otra cosa dispersa por todos lados o en los lugares equivocados, y por más que ordenemos ya sea semanalmente o por cualquier otro motivo, retorna fácilmente a su habitual desastre. Tal como apunta Kondo, sucede porque la mayoría de lo que tenemos no tiene un lugar fijo dentro de la casa. Razón por la que muchas veces renegamos que no encontramos, por ejemplo, un reloj de pulsera, porque no nos acordamos dónde lo hemos dejado y cuándo.

Por mi parte, yo comparto habitación con mi hermana menor. Lo que implica que nuestro cuarto también se vea afectado por el desorden ya que hay cuadernos y hojas sueltas sobre el escritorio, la ropa dispersa en cada cajón (impidiendo una vista general de qué prendas tengo y posiblemente olvidándome de aquellas que están en el fondo), un montón de cajitas y cofres con accesorios, tarjetas y chucherías guardadas y mezcladas, una mini montaña de ropa usada a lo largo de la semana sobre el sofá, y demás cosas que están ahí porque sí. No somos muy constantes en mantenerlo en orden, y debo admitir que en muchas veces es nuestra mamá quien se encarga de limpiar y ordenar todo el cuarto. Y en muchas de esas veces, es ella quien impone dónde guardar las cosas y reacomoda los muebles a cómo cree se ve mejor (yo casi nunca intervengo en ello).

Ya casi ni gastamos en ropa para mí porque cada tanto una amiga de mi mamá (y raras veces mi tía) nos regala las prendas que ya no usa (la mayoría ni siquiera las usó alguna vez; comienzo a cuestionarme si será una compradora compulsiva), y claro que estoy agradecida por ello, pero siento que muchas de ellas no son el tipo o estilo de ropa que deseo usar, o sea, no quisiera vestir un pantalón o una blusa solo por compromiso o para no hacer sentir mal a mi mamá.

Además, me pregunto por qué rayos seguimos almacenando cuadernos y libros viejos de cuando estuve en el cole y academia preuniversitaria (esto incluye también aquellos que mi hermana usó años atrás), ¡hasta de cuando estuvimos en inicial! Y ni quiero saber qué clase de antigüedades innecesarias aún conservan mis padres, o tal vez sí, ejemplo, una carpeta con estados de cuenta pasados de varios bancos.

Si la familia entera se anima por hacer el KonMari, Kondo aconseja que (luego del declutting o depuración) cada miembro debe asignarse su propio espacio personal. Pero, si como yo, que desea hacerse su espacio en la casa de sus padres, es muy importante que ninguno de ellos (o hermanos, tíos, quien sea) te vea en plena limpieza, con varias bolsas de basura llenas. Lo que menos vas a querer es que ellos hurguen entre las cosas que ya no deseas ver en tu vida, o por lo contrario se resientan contigo y crean que te quieres “deshacer” de ellos e independizarte.

Será un poco difícil (e imposible) convencer a mi familia que haga una limpieza total de la casa, no obstante, yo quiero dar el primer paso. Por ahora mi cuarto viene a ser mi espacio (semi)personal, y soy yo quien decida cómo ordenarlo y qué cosas deseo realmente conservar. Después de todo, el estilo de vida minimalista me llama mucho la atención, y es a lo que quiero tratar de aspirar, y no hay nada mejor que practicar con mi habitación (y sí, pienso que es posible adaptar el método KonMari al celular, las redes sociales y los correos electrónicos).

En cuanto a ustedes, ¿ya se han decantado por la técnica de Marie Kondo, o aún no están convencidos del todo? Les recomiendo La magia del orden para adentrarse en la técnica, o sino la serie que imagino será igual de didáctica que el libro. Cuéntenme en los comentarios qué tal, si vale la pena o no el método KonMari para la organización.

¡Nos vemos pronto!

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